Descripción
En La Paseadora, la madera tallada y pintada a mano se convierte en un homenaje al vínculo especial entre las personas y sus perros. La escena, con su puerta turquesa envejecida y paredes llenas de historia, nos transporta a la calma de un pueblo colombiano, donde cada paseo es un ritual de amor y complicidad. No importa el rumbo ni la distancia, porque el verdadero valor está en caminar lado a lado, compartiendo silencios, miradas y el simple gozo de estar juntos. La obra nos recuerda que la compañía de un perro es un regalo constante: siempre fiel, siempre alegre, siempre dispuesto a hacer del camino un lugar más cálido.











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