En lo profundo de los bosques húmedos de Colombia, entre ramas altas y hojas brillantes, habita un pequeño pájaro de plumaje asombroso y mirada curiosa: el tucancillo collarejo (Pteroglossus torquatus), también conocido como arasarí acollarado. Esta ave, con su pico imponente y sus colores vibrantes, es mucho más que un espectáculo visual: es un actor silencioso pero esencial en el equilibrio del ecosistema tropical.
Un ave que parece sacada de una pintura
El tucancillo mide alrededor de 40 centímetros y es fácil de reconocer por su plumaje contrastante: cuerpo oscuro con destellos verdes, un pecho amarillo cruzado por una banda roja, y un pico largo decorado con patrones de amarillo, negro y rojo que parecen dibujados a pincel. Su silueta resulta inconfundible cuando atraviesa el dosel del bosque en pequeñas bandadas, emitiendo un chillido agudo y rítmico.
En Colombia, esta especie habita principalmente en las regiones de selva húmeda del Caribe, el Chocó y algunas zonas de la Amazonía. Aunque no es raro, sí es un privilegio poder observarlo de cerca, debido a su agilidad y preferencia por las copas más altas de los árboles.
Un dispersor de vida
El papel ecológico del tucancillo es fundamental, actúa como dispersor de semillas, especialmente de árboles frutales. Al alimentarse de frutas y desplazarse grandes distancias, transporta y deposita semillas que contribuyen a la regeneración del bosque. También consume insectos y pequeños reptiles, ayudando a controlar el equilibrio de otras especies.
Además, el tucancillo depende de otros animales para sobrevivir: utiliza huecos en árboles, usualmente abandonados por pájaros carpinteros, para anidar. Esto nos recuerda que en la naturaleza todo está conectado: cada criatura cumple una función vital dentro de una red más amplia.
Curiosidades que enamoran
- Aunque su pico es grande, está formado por una estructura interna ligera y hueca, lo que le permite manipular frutas sin afectar su vuelo.
- Son aves sociales: se les suele ver en pequeños grupos, descansando juntos o alimentándose coordinadamente.
- En algunas culturas indígenas, se cree que el tucancillo es un mensajero de los bosques, asociado a la abundancia, la buena fortuna y el equilibrio natural.
Celebramos su belleza en Detalle
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